Tras la COP24: la incineradora de Zubieta (Donostia) y el cambio climático.

La última cumbre del cambio climático de Katowice ha terminado y los resultados no son buenos. En octubre, los expertos del IPCC informaron que para mantener 1,5 grados, debería introducirse medidas drásticas desde ya. Antes de ello, varios agentes en Donostia, apoyamos y organizamos la Alternatiba Tour y denunciamos las amenazas locales al cambio climático, entre las que se encuentra el proyecto de incineradora de Zubieta, objeto de una larga lucha y del desarrollo de fórmulas alternativas de gran calado y contrastado resultado.

Sin embargo, en Katowice no decidieron tomar medidas de acción. Suponemos que esto interesa a aquellos que promueven la incineradora Zubieta. Dentro de las políticas climáticas encontramos muchas propuestas que no son solución, como el comercio de carbono, el agro-combustible o incluso las centrales hidroeléctricas o la quema de biomasa. Todos ellos son inaceptables. Pero entre ellos no se plantea tampoco la incineración de residuos como solución.

Desde que plantearon la construcción de una incineradora, algunos han sido los argumentos principales con los que nos machacan
– que es una tecnología de vanguardia, con muy buenos filtros, y no pasa contaminación a través de ellos, por lo que no la contamina y no afecta el clima.
– los residuos se utilizan para generar energía, por lo que se les da una utilización (“valoración energética”) – de acuerdo con Zabalgarbi (incineradora de Bizkaia) la energía resultante es renovable.
– Y como resultado de todo ello, por arte de birlibirloque, la incineración la convierten en una herramienta para luchar contra el cambio climático.

Quienes promueven la incineradora de Zubieta han usado bien todos estos argumentos. En un giro de tuerca, han añadido al complejo millonario, junto a la incineradora, un Centro de Cambio Climático y así incidir en la asociación de la incineradora con su presuntamente positivo papel contra el calentamiento global. Otro acto de demagogia más.

Obviamente también utilizan el que se han construido en muchos otros países y que no vamos a ser menos. Por ejemplo, Francia cuenta con 131 que contrastan con las 11 españolas. Pero como nos han enseñado nuestras mayores, porque lo tengan otros no quiere decir que esté bien, ni que sea a lo que tenemos que aspirar. Mientras, sí nos tendría que hacer pensar lo que sucede en el mundo con otras incineradoras y proyectos, las que cierran y detienen (Valdemingomez en Madrid, Sydney, México, Buenos Aires, Belfast, las 12 de Italia) o los accidentes acaecidos (Italia, Paris-Ivry, Belgica).

O lo sucedido en Holanda donde la pasada semana, la revista Argia nos trajo el caso “Dioxinagate”. Este caso se dio en la incineradora de Harlingen, que está equipado con el (presuntamente) último y más moderno sistema de incineración. Como con la incineradora de Zubieta, aseguraban que nada pasaría a través de sus filtros. Como con la incineradora de Zubieta, eran los mejores en Europa. En cambio, y en eso consiste el “dioxinagate”, esta incineradora emitió grandes cantidades de furano y dioxinas (las micropartículas más tóxicas de la quema de desechos) que se encontraron en un radio de dos kilómetros en cantidades alarmantes. Así que la incineración de mejores filtros dejó pasar las partículas más tóxicas.

Entonces, ¿qué esperamos del CO2, el metano u otros gases del cambio climático? ¿los detendrá? Una vez más, esa es la misma idea que venden en cada proyecto de incineración. Pero no podemos creerlo, especialmente si hay ejemplos evidentes como éste que prueban lo contrario.

Lo mismo, nos dijo el año pasado (23 de marzo de 2017) en Donostia, el concejal de Copenague Morten Kabell (coordinador de Copenague de las acciones “para convertir a ésta en una ciudad neutral de carbono para 2025”). En su opinión, la incineradora de Copenague no generaba ninguna emisión. Cuando fue cuestionado por esto, Kabell preferió no hablar de ello, porque según él no era un tema que dominaba. ¡Pero debía saber que Dinamarca no consiguió cumplir con los objetivos de Kioto únicamente por las emisiones de esa incineradora! Con lo cual: SI emite. Tantos esfuerzos para promover el transporte no contaminante y las energías renovables y se quedaron sin alcanzar los objetivos de Kioto por incinerar residuos! Por esta razón, por la incineración, en 2011 Copenague produjo el doble de CO2 de lo previsto. Tomemos en cuenta que, tanto en esta conferencia como en general, Dinamarca está vendiendo sus maravillosas logros en materia climática y sostenible. Sin embargo Dinamarca es uno de los países que produce más residuos en Europa: 447 kg (8 kg por semana y persona). Debido a estos pobres resultados en 2013 el Ministerio de Medio Ambiente y Alimentación de Dinamarca impulsó la campaña “Más reciclados, menos desaperdicios”. Todos sabemos que una vez que las incineradoras están construidas, otras políticas de gestión de residuos son más difíciles de impulsar.

Sabemos que se produce una tonelada de CO2 por cada tonelada de residuo incinerado, y además otros gases de efecto invernadero y contaminantes/tóxicos. Esta es también la comparativa que utiliza el IPCC en su informe “Emisiones de la incineración de desechos”. Por tanto, si queremos de verdad incidir en el cambio climático, realmente no podemos aceptar esta opción. Según esto, en el estado español en 2017, las 11 incineradoras produjeron 2,5 millones de toneladas de CO2. Igualmente, de 2005 a 2015, en diez años, la incineradora de Zabalgarbi habría producido 2,5 millones de toneladas de CO2. Y, si se cumplen los pronósticos, el año que viene (2019), la incineradora de Zubieta podría emitir 42.000 toneladas de CO2. Este no es un buen resultado a añadir a las pobres cifras en materia de combate del cambio climático en la Comunidad Autónoma Vasca (CAPV). Ni una forma de conseguir no sobrepasar el 1’5º.

Finalmente, hay algo más que afecta el cambio climático en lo que respecta a la incineración de residuos, que corresponde a la “valoración de la energía”, por la energía presuntamente generada por la quema de residuos. Las incineradoras son incluidas entre las centrales de producción energética (no en todos los cómputos). Además, se entiende que la incineración de residuos es una alternativa a esos residuos, y que por tanto, plantean que es incluso beneficiosa para el medio ambiente. Así este tipo de presunta generación de energía llega a recibir subsidios. El profesor de ingeniería de la Universidad del País Vasco (UPV / EHU), Gorka Bueno, informó que en el caso de la incineradora de Bizkaia, Zabalgarbi, ese subsidio fue de 20 millones de euros anuales, pagado de nuestras facturas eléctricas.

La incineración incrementa nuestra dependencia de combustibles fósiles

Pero sobre todo, las incineradoras producen la energía a partir de gas, y no tanto de residuos. Los residuos no son un combustible. Su valor calorífico es muy bajo porque se componen sobre todo de desechos orgánicos que contienen mucha agua (80%), además de plásticos, papel y metales. Esto significa que las incineradoras precisan energía adicional que es fósil, en este caso gas, primero para procesar esos desechos para que sean adecuados para la combustión, y luego para producir energía. De acuerdo con Bueno, en 2016, Zabalgarbi utilizó 854 Gigawatt-hora (GWo) de gas para quemar 224.000 toneladas de residuos. Esto también la convierte en una forma más costosa de generar energía.

Esto agrega otro ingrediente a la ecuación: quemar residuos no solo es malo para el clima, sino que también agrega el efecto asociado a la quema de gas. Y estamos hablando de mucho gas. Así, una incineradora produce más CO2 por hora que una central térmica de carbón, las que irónicamente se encuentran actualmente entre las prioridades de cierre en las políticas climáticas, o que una central térmica fueloil.

El gas consiste principalmente en metano, que tiene un 83% mayor efecto en el cambio climático que el CO2. Al ser un gas, y debido a que no lo tenemos aquí y tenemos que importarlo desde lejos, y que se pierde mucho en todo su ciclo, con muchas fugas, su efecto en el clima es enorme. También sabemos que el gas se convirtió hace mucho en la política prioritaria del gobierno de la CAPV y también del gobierno de la Comunidad Autónoma de Navarra, y del gobierno español y de las grandes empresas energéticas. Por delante de las renovables.

Por lo tanto, el apostar por la incineración supone también profundizar en la dependencia gasista, y en la de los combustibles fósiles, con las mencionados y consabidos impactos sociales, ambientales y climáticos, y puenteando o bloqueando a las renovables. El gas se ha vendido como una energía de transición, y de tanto que se ha vendido, esta nueva burbuja energética y económica, se ha convertido en la única solución que nos brindan. Por todo ello, deberíamos reducir el uso del gas así como todos sus demás usos adicionales, en lugar de incrementarlo como es el caso y optar por las formas realmente benignas para el clima y el medio ambiente.

El ayuntamiento de Donostia combate el cambio climático incinerando

La incineradora de Zubieta se construye en territorio municipal de Donostia. Así que se trata también del modelo de gestión de residuos impulsado por este municipio. En estos días, la ciudad de Donostia está inmersa en una campaña de publicidad de propuestas contra cambio climático. Esta campaña corresponde al llamado de la UN a las ciudades a actuar para 2020 debido a su gran responsabilidad con el cambio climático (se entiende que las ciudades son responsables por 75% de las emisiones globales de CO2). Pero el Plan de Acción del Clima 2050 de Donostia se queda corto, sobre todo en materia de residuos. Propone que para mantener un 1’5º se precisa una recogida selectiva de residuos del 80% para 2030. Pero no dice cómo lograrlo (simplemente menciona el Plan de Guía de Residuos de Gipuzkoa 2017). De igual forma, propone la eliminación del 10% de los residuos urbanos enviados a vertedero, pero no a incineración. La incineración ni siquiera se menciona en el Plan de Acción del Clima 2050.

Está claro que con unos resultados de recogida selectiva en Donostia del 38,5% se requerirá mucho trabajo o soluciones. Nuevamente, este objetivo no se podrá lograr mientras esté presente la incineradora, o de lo contrario, la incineradora será inútil y también su enorme inversión. Para lograr una recolección de residuos tan óptima (80%), se ha demostrado que los sistemas como el Puerta a Puerta (tan denostado por el actual ayuntamiento y diputación) son los más apropiados, porque en casi todos los pueblos y ciudades de la zona en los que se ha implantado han superado este resultado. Pero los impulsores de la incineradora han obstaculizado esta fórmula y la combatieron ferozmente.

La Economía Circular es también pilar del Plan de Acción del Clima 2050 de Donostia. Este es otro mantra para quienes promueven la incineración. En septiembre, CEWEP, la organización europea que fomenta la incineración, también insistió en este tema en su asamblea anual celebrada en Bilbo, cosa que fue denunciada por Zero Zabor Bizaia. Según la presidenta de Zero Waste Eropa, Mariel Vilella, la Economía Circular se basa en el residuo-cero, que conlleva el garantizar que todo lo que producimos y consumimos sea devuelto a la naturaleza o la sociedad de una forma segura. La incineración no garantiza esto, sino todo lo contrario. Por lo tanto, sin propuestas de como desarrollar esa Economía Circular y con la incineradora en el horizonte, la propuesta del ayuntamiento donostiarra tiene un gran agujero y una clara contradicción, y no propone nada.

CONCLUSION

En esta fase crítica del Planeta, se debería partir de la premisa de que hacer contra el cambio climático en lugar de buscar fórmulas cómodas, rimbombantes, tecnócratas, o resultonas.

La COP24 de Katowice, convierte las obligaciones de frenar el cambio climático en meras sugerencias, permitiendo, por ejemplo, a modelos energéticos basados en el carbón como los de la ciudad que acogió la Cumbre, que continúen como tal, o a aquellos que promueven incineradoras que sigan con sus planes. Pero como decimos, esas decisiones son parte de una actitud irresponsable que busca la continuidad del negocio y el beneficio sin reparar en el medio ambiente, ni en la sociedad, ni en las generaciones futuras, ni en quien más sufre los embates del cambio climático en otras partes del Planeta. Porque se permita no significa que sea lo correcto. Porque otros lo hagan, tampoco. Esas decisiones corresponden al fracaso de la lucha climática internacional, y localmente tampoco lo podemos podemos permitir. Y mucho menos, que haciendo uso de su demagogia e hipocresía, encima nos vendan la incineración como una solución.

Por todas estas razones, y por muchas otras esgrimidas desde múltiples sectores en la larga lucha contra esta infraestructura, ya vale de falsedades y demagogia y es hora de enfrentarnos al cambio climático, tanto en términos de residuos como en otras áreas (energía, transporte, comercio, industria, agricultura, etc).

Una vez más: ¡Detened la incineradora de Zubieta!


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